martes, 30 de septiembre de 2014

No sé si a ti, 
querido reflejo, 
también te pasa lo mismo que a mi.

Quizás,
sólo sean delirios
de alguien que clama paz para sí misma.

Hace ya mucho tiempo,
cuando aún sabía como caminar erguida,
apareció la luz que después culminó en tiniebla.

Me duele la cabeza de pensar tanto
y exteriorizar tan poco.
Me estoy ahogando
en el propio aire que respiro.

El espejo sabe mentir
casi tan bien,
como nuestra propia mente.

El filo se clava
casi de manera exacta,
a cada palabra mal asimilada.

Tu entorno se desmorona
casi tan rápido
como tu propio mundo interior.

Acabas hasta el cuello,
pero lo que en un principio da resultado,
ahora no te vale para nada.

Y qué verdad la que te oigo pronunciar,
querido reflejo,
esa de que cuando mejor te ven los demás
es cuando peor estás.

Espero que algún día,
puedas perdonarme.
Te juro que nada de esto,
salió como lo planeamos.

Sé que hacerte creer,
que todo esto va acabar pronto
es una soberana tontería.
Pero, joder, actuemos antes
de que se levante el telón.

Peor que cualquier adicción,
casi tan peligroso como aquel,
que sabiendo que algo es malo,
lo sigue haciendo.

No puedo compararte, querido reflejo,
aquello que era,
lo que ahora se supone que soy
y lo que algún día seré.

Confío tanto en que todo esto tiene un final.
Creo tanto en los miles de testimonios.
Pero a la mierda todos los textos,
que intentan hacerte creer que eras buena
simplemente por ser como eres.

La esperanza es lo último que se pierde, sí.
El problema es que yo, ya estoy perdida.
Y no sé volver, sola a casa.

No sé si tu,
querido reflejo,
tampoco sabes el camino de vuelta.

Espero que no.





lunes, 29 de septiembre de 2014

Odio los lunes,
porque la resaca de la semana anterior
se hace más dura de recordar
y no escapa a la imaginación.

Odio los lunes,
porque cuando casi soy
vienes tú,
y me deshaces.

Odio los lunes,
porque no sé quererme
y ya no estas
para hacerlo por mi.

Odio los lunes,
porque pasa el tiempo
(aquel que nunca perdona)
y te vas desvaneciendo.

Odio los lunes,
porque el reflejo del espejo
sigue siendo demasiado cruel
si no hay nadie que me sujete de fondo.

Odio los lunes,
porque hoy ya es martes
y soy consciente
                                                                                      de que ya no sé vivir sin ti.