jueves, 18 de diciembre de 2014

Mi mayor paraíso en sueños,
y el infierno más frío en vida
rehuyéndome en cada esquina, cada paso, cada mirada, cada segundo, cada vez más.

Cuando tus pupilas se dilatan, 
crecen (por aquella bendita razón que me repetías hasta la saciedad cuando el inmenso mar me ahogaba),
y se me cierra el corazón
aún a riesgo de parecer masoquista.

Lo más sagrado del mundo,
todo lo que desciende y baja sobre ti,
para después posarse en mi hasta hacerme perder el sentido.

El momento en el que resbalas,
casi a ciegas por mi piel,
dejándola tan suave como el terciopelo. 
(tranquilo, la suavidad sigue siendo uno de mis poderes)

Al final, 
ya no sé que es racional
qué eres tú,
qué soy yo
o qué cojones somos nosotros.           (y que miedo no saber si vienes, si vas, o si descarrilas.)


Brillando como estrellas,
y gritando.
Pero nadie puede vernos,
ni oírnos.
Les hemos cegado con nuestro brillo,
y ensordecido con nuestra voz.

Sabemos hacerlo mejor que nadie,
querernos y desterrarnos,
pero parece que eso no es suficiente,

Y si al final sólo somos tiempo encerrado,
permíteme, amor, 
besarte,
y abrazarte,
y mirarte,
y todo cuanto suponga volver a creer en algo más que en un suicidio silencioso.




miércoles, 3 de diciembre de 2014

Gota a gota

Otra vez, sí.

Desde hace mucho eres tú la fuente de mi inspiración y, la verdad, no estoy segura de que eso sea bueno. Me repito, pero me cansas.
No sé a que se debe este cambio tan repentino, pero estoy segura de lo que hago. Dudo que quiera volver atrás.

Quiero empezar a cambiar, pequeños tejemanejes que me aseguren mi propia salvación, rodeada de todas las personas que sé que quiero tener a mi lado. Recompuesta por dentro, y aunque parezca mentira, hasta con ganas de quererme (aunque sólo sea un poco).

Sé que tampoco puedo alzar mi voz muy alto, no al menos de momento, pero también sé que algún día lo haré y será entonces cuando de verdad agradezca encarecidamente todas las veces en las que un papel y un lápiz eran cuanto necesitaba para no tener que arder por dentro.

Desde luego, me paro a pensar y me parece ilógico el tiempo que he pasado sin darme cuenta de lo que tenía delante, del daño que me hacía, y de todo lo que ese daño ha sido capaz de hacer posteriormente en mí. Las causas de la veda que tengo abierta conmigo misma las tengo muy claras y créeme que formas un eslabón muy importante en la cadena.

Igual es culpa mía, no lo sé, por tener que aguantar un límite psicológico desmesurado. Quizás debo todo esto especialmente a todas las cosas (y personas) que fueron capaces de hacer que me diera cuenta de lo que estaba pasado.

Otra vez, sí. Tengo miedo. Miedo de darte todo aquello que estás reclamando y tener que ceder ante un burdo chantaje para perder a lo que más quiero, y a la vez al recurso más fuerte que tengo.
Y no. Basta.

No quiero dedicarte más letras, más comederos de cabeza, nada más. Porque no te lo mereces. Métete tus amenazas por donde te quepan, pero a mí déjame tranquila de una vez. Si realmente eres tan sumamente fuerte como para sobrevivir en un mundo donde no tienes nadie a quien seguir, adelante.

Yo me desentiendo de todo. De ti y de mí.

El vaso ya ha desbordado.

martes, 25 de noviembre de 2014

breathless moments

Es como si una fuerza, 
contraria a todo lo anterior, 
chocara contra todo lo que hay en mi cabeza.      
(Que no es poco)

Me ardes demasiado.
Me cuestas muchísimo.
Me tienes esperando clemencia.
Y te tengo destruyéndome cada día un poco más.
(Que no es poco)

Es como si toda la impotencia guardada, 
quisiera salir de golpe, 
pero no tiene más vía de escape que unas simples letras.
(Que no es poco)

Quieres saberlo todo, 
cuestionar cada principio, 
y estar siempre en la parte más alta.
Y estoy harta.

Por todas las personas que te lanzan cuchillos pero luego te acusan de haberlos recibido.
Por todas las cosas que te dan la vida mientras a la vez te la quitan.
Por matarme.
Por ti.

Estamos apostando por una vida,
donde no haya cabida
para todos los momentos
que nos dejan sin aliento. 
Y que también te lo devuelven cada vez que estas a punto de ahogarte.
(Que no es poco) 



sábado, 15 de noviembre de 2014

Alfileres buscando globos.

Después de todo, supongo que estas cosas pasan.
Cuando toda la luz se apaga de golpe,
y es entonces el mejor momento para saber que siempre has estado completamente a oscuras.

Y aunque tengo mucho que agradecerte, 
en este caso, y no desde hace poco, 
los malos momentos ganan a los buenos.                                                                               (Qué pena).

Supongo que el primer síntoma de admiración es la imitación, 
y aunque en tu caso se quedaba demasiado corto,
rozaba el límite de no saber distinguir.

Y luego apareció lo que considero mi mayor golpe de suerte.
Y tú querías.
Pero no conseguías.

Aunque quieras convencerme,
da igual,
estoy ya demasiado rota.

La impotencia sabe hacer de las suyas,
quizás por eso estoy escribiendo esto.
Pero, no te preocupes, las cosas van a seguir tal cual están.
Yo hundiéndome más,
y tú empujándome hacía abajo.

Y sé que lo peor de toda esta historia no soy yo, 
ni tu, 
son las actitudes.

Por querer cambiarme, 
por querer imponerte,
por querer saber más de mi que yo misma,
por obligarme,
por ponerme en el lado oscuro de todo.

Por no querer esperar,
por intentar volar demasiado alto,
por dejar las cosas a medias,
y por, al fin y al cabo, echar sal en la herida ya abierta.

Tú eras el lugar favorito para hacer desembocar mis lágrimas.
Tú te las merecías. Todo eso y más. Cualquier cosa a mi alcance.
Pero ya no.

Qué pena que el miedo nos impida hacer determinadas cosas,
dar pasos en falso,
seguir mintiendo.

Qué pena que sea más fácil obviar.


viernes, 7 de noviembre de 2014

realidad ardiendo

Lo siento,
casi tanto o más
que la primera vez.

Lo siento,
por haberte obligado a tanto
cuando no merecías nada.

Lo siento,
por hacerte cambiar.
Y porque ya no eres tú.

Lo siento.
Y sé que la culpa íntegra
es sólo mía.

Lo siento.
Lo siento de veras.
Ojalá algún día,
puedas perdonarme.

Y aunque te estaría eternamente agradecida,
sería peor que reconocer
que estas a punto de explotar.

Ojalá nada de esto nos viniese grande.
A las dos.
Y aunque pudiéramos llegar a ser uno otra vez,
sería peor que volver a pasar
por destapar todo.

Ojalá tuvieras cuanto te mereces,
sin una mente suicida.

Y aunque no te quieras
ni a ti misma
ni a mi, tranquila.
                                                                                 Compartimos la misma piel.
Ojalá supieras cuanto lo siento.
Y aunque ya es hora de que las cosas salgan bien,
sería peor darse cuenta
de que aún nos queda demasiado para lograr algo de equilibrio.


domingo, 26 de octubre de 2014

xxx

Egoísmo es amor.

Claro que amor,
no deja de ser una excusa
y tú otra.

Fue entonces cuando entendí
todas las canciones de amor
y porque se supone que la gente baila en pareja.

Entendí qué significa besar
y porque es la cosa más bonita del mundo.

Entendí, contigo, qué significa tener el corazón sin vida
y a pesar de ello sobrevivir.

Entendí como simplemente oír tu voz
y evocar un recuerdo
era el fin del mundo.

Y, al final,
las cosas han cambiado.
Tanto,
que me asustan.

Pero sin quererlo,
te has convertido en ese tipo de persona que cuando se va deja un precioso espacio para respirar.

Y quiero aprovecharlo. Entero. Cada rincón.

Aunque ahora todavía me esté ahogando.

domingo, 12 de octubre de 2014

La palabra 'mamá' no es capicúa.

Lo cierto, es que no sé como empezar todo esto.

Como describirte,
como contarte (en tan pocas palabras)
lo importante que eres para mí.

Y créeme que siento no poder haber visto
a través de casi la misma pupila
todas las cosas que ahora te definen.

Me gustas tanto,
tanto,
que sé que no podría haber pedido nada mejor,
que poder celebrar otro cumpleaños más contigo.

Espero que no te importe,
cada vez que te despierto antes de tiempo,
cuando busco más abrazos de los necesarios
y las veces en las que me quedo sin saber qué decir.

Gracias por todo,
lo pasado,
el ahora
y el magnífico futuro que quiero tener contigo.

Gracias por reír,
por ser,
porque no hay nadie mejor que tú
para ser todo lo eres.

Pero, en especial,
gracias por hacer que cada parte de mi
sea una parte tuya
y, gracias, por poner en mí
todo lo que tu eres. (Y es fantástico)

Al final, esto hace rato que,
ya no me vale,
para expresar,
lo inexpresable.

Y, lo cierto, es que no sabría como acabar esto.
Así qué, concédeme el mejor de los regalos.
No dejes de cumplir años,
no dejes de cumplirnos,
no dejes de vivir.

No te vayas nunca,
mamá.

Te quiero.
Feliz cumpleaños.

domingo, 5 de octubre de 2014

Breve inciso.

Te quiero, por encima de todo
y por debajo de nada.

Te quiero por cada segundo,
cada palabra,
cada imagen,
cada parte de ti (puesta, de algún modo, en mi)

Te quiero cuando sabes que no llevas razón
y aun así te empeñas en creer que sí.

Te quiero por cada vez que lees
mi mente en el aire,
mi cuerpo en braille,
mi alegría en versos
y mi mundo (puesto, de algún modo, en ti)

Te quiero cuando me empiezas el día
y no sé si me lo acabas.

Te quiero, tanto, que ni yo misma
(me) encuentro sentido a esto.

Te quiero por ser mi verano,
mi otoño,
mi primavera
y mi frío (muy frío) invierno.

Te quiero, cuando me besas a destiempo
y me abrazas a medias.

Te quiero, por deshacerme
y por no intentar reconstruirme.

Pero, sobre todo, me quiero por escribir estas cosas en el momento correcto y dejar que vean la luz cuando no encajan en ningún contexto.

viernes, 3 de octubre de 2014

frailness

A mi amada fragilidad:

Qué bonito nombre tienes.
Quizás por ello me calaste tan hondo.

Eres tan sumamente perfecta,
que no me importa,
para nada,
todo el mal que me causas.

Apareciste sin avisar
y aunque en un principio no te quería conmigo
he aprendido
que si ahora te fueras,
ya no sabría ser.

Escribirte no tiene ningún sentido,
no logro encontrar explicación válida.
(Salvo la suerte de ser,
terriblemente frágil.)

Es todo tan irónico,
sarcástico
e increíble, que de verdad no entiendo
como nadie
quiera
salvarme
de
ti.                                                      (Aunque mejor que no lo hagan. No hasta que no te logre por completo.)


Querida fragilidad,
gracias por hacerme
tan sumamente fuerte.



jueves, 2 de octubre de 2014

Tocando el cielo con los dedos.


Vagar por mi misma,
nunca fue tan divertido.

Tocar la campana más bella,
hacerla sonar.
Escuchar todo lo que expulsa
y sentirme libre.

Sé que el agua está libre de cargas,
que no tiene que salir.
Pero hay cosas mucho peores,
como vivir estando muerto.
                                            (O morir sin saber vivir)

Vagar por mi misma,
aún sabiendo que me estoy p   e   r   d   i   e   n   d   o      (y de verdad que lo intento, pero no me encuentro)
nunca fue tan reconfortante.

Buscar la manera de seguir
y tropezarte.
Creer que estas mejor
y volver a engañarte.

Sé que el infierno arde para todos,
que nadie queda impune.                                              (Así que nos veremos allí)

Vagar por mi misma,
mientras sé que me estoy consumiendo
nunca fue tan gratificante.

martes, 30 de septiembre de 2014

No sé si a ti, 
querido reflejo, 
también te pasa lo mismo que a mi.

Quizás,
sólo sean delirios
de alguien que clama paz para sí misma.

Hace ya mucho tiempo,
cuando aún sabía como caminar erguida,
apareció la luz que después culminó en tiniebla.

Me duele la cabeza de pensar tanto
y exteriorizar tan poco.
Me estoy ahogando
en el propio aire que respiro.

El espejo sabe mentir
casi tan bien,
como nuestra propia mente.

El filo se clava
casi de manera exacta,
a cada palabra mal asimilada.

Tu entorno se desmorona
casi tan rápido
como tu propio mundo interior.

Acabas hasta el cuello,
pero lo que en un principio da resultado,
ahora no te vale para nada.

Y qué verdad la que te oigo pronunciar,
querido reflejo,
esa de que cuando mejor te ven los demás
es cuando peor estás.

Espero que algún día,
puedas perdonarme.
Te juro que nada de esto,
salió como lo planeamos.

Sé que hacerte creer,
que todo esto va acabar pronto
es una soberana tontería.
Pero, joder, actuemos antes
de que se levante el telón.

Peor que cualquier adicción,
casi tan peligroso como aquel,
que sabiendo que algo es malo,
lo sigue haciendo.

No puedo compararte, querido reflejo,
aquello que era,
lo que ahora se supone que soy
y lo que algún día seré.

Confío tanto en que todo esto tiene un final.
Creo tanto en los miles de testimonios.
Pero a la mierda todos los textos,
que intentan hacerte creer que eras buena
simplemente por ser como eres.

La esperanza es lo último que se pierde, sí.
El problema es que yo, ya estoy perdida.
Y no sé volver, sola a casa.

No sé si tu,
querido reflejo,
tampoco sabes el camino de vuelta.

Espero que no.





lunes, 29 de septiembre de 2014

Odio los lunes,
porque la resaca de la semana anterior
se hace más dura de recordar
y no escapa a la imaginación.

Odio los lunes,
porque cuando casi soy
vienes tú,
y me deshaces.

Odio los lunes,
porque no sé quererme
y ya no estas
para hacerlo por mi.

Odio los lunes,
porque pasa el tiempo
(aquel que nunca perdona)
y te vas desvaneciendo.

Odio los lunes,
porque el reflejo del espejo
sigue siendo demasiado cruel
si no hay nadie que me sujete de fondo.

Odio los lunes,
porque hoy ya es martes
y soy consciente
                                                                                      de que ya no sé vivir sin ti.