lunes, 16 de febrero de 2015

#IWANTYOUTOKNOW

Pero tu,
tu sabías que,
cada vez que te miraba,
te estaba pidiendo ayuda con los ojos.

O, bueno,
quizás ayuda no era la palabra correcta.

Ya no lo sé.

Todo me da vueltas.
Absolutamente todo.
Como quien vive en una resaca permanente.
Quizá más.

Si tu me obligas,
entonces no tengo salida.
Peor,
cuando es la mente
la que te obliga a vivir en una jodida dictadura.

No puedo permitirme mas bandazos.
Simplemente no.
No y no.

Si no puedo rebelarme contra mi misma
ya no sé que va a quedarme.

Pero,
¿el enfermo tiene culpa de algo?

Espera, ¿he dicho enfermo?
Omitamos esa parte.

En el fondo no va a quedarme otra que reconocerlo.
Pero no.
Si sólo es un modo de vida. Y punto.

Al fin y al cabo, las cosas dejan de doler.
Aunque la herida siga estando ahí.
Invisible pero sensible.

Cuando aún estaba en mis cabales,
(que lo sigo estando)
mamá me alimentaba (mucho, muchísimo)
con sueños de cristal.

Me había cepillado el pelo
y lo había trenzado con palabras largas.
E ideas.
Y prototipos.
Lo que al final pasa factura.

Y qué frío, ¿verdad?
Hasta que queme.
Y arda.
Que todo lo que no quiero se quede en las jodidas llamas.
Las de mi cabeza.
Ya me da absolutamente igual.

Además, 
de todas formas,
oigo al espejo reírse desde aquí.