Qué bonito nombre tienes.
Quizás por ello me calaste tan hondo.
Eres tan sumamente perfecta,
que no me importa,
para nada,
todo el mal que me causas.
Apareciste sin avisar
y aunque en un principio no te quería conmigo
he aprendido
que si ahora te fueras,
ya no sabría ser.
Escribirte no tiene ningún sentido,
no logro encontrar explicación válida.
(Salvo la suerte de ser,
terriblemente frágil.)
Es todo tan irónico,
sarcástico
e increíble, que de verdad no entiendo
como nadie
quiera
salvarme
de
ti.
Querida fragilidad,
gracias por hacerme
tan sumamente fuerte.
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