Ella era algo así
como el primer día de verano
queriendo parecer interminable.
Era cualquier desdén,
retorcido y arrugado,
como una camisa seca y limpia,
pero sin planchar.
Pasaba,
bien escondida,
por musa de todas las artes
y su melodía retumbaba en cualquier ventana.
En mi sótano de malos tragos,
donde aún hay sitio para más,
ella a veces se inunda
y muchas desborda.
Cual presencia divina,
ella mucho mas creíble y fundamentada,
omnipresente como ninguna
y con más adeptos que nadie cada día.
Ella era aquel rayo de luz,
que te ilumina,
y te corta,
siempre profana.
Endereza toda curva,
aunque te queme,
pero menos mal.
Es la prenda de ropa que,
antes de iba justa,
y ahora holgada.
Hace de tu cuerpo tu propio lienzo,
miradas que relamen tus costillas,
tallos de plantas que se enredan,
y me pinchan la piel.
Marco tres líneas.
Una.
Dos.
Tres.
Los fantasmas se escabullen por los cortes.
"Siempre es levemente siniestro volver a lugares que han sido testigos de un instante de perfección."
Cómo se esconde un secreto si lo llevas escrito por todo el cuerpo.
Hay cosas que no se pueden esconder, ni se quieren, ni se deben. Como tú.
ResponderEliminarMe fascina...
Lutz
Ay, jo, gracias.
EliminarNo estoy acostumbrada a recibir este tipo de comentarios.
Mil gracias nena.